domingo, 14 de junio de 2015

Carmena Max

Si no has visto Mad Max, te estás perdiendo algo grande, muy grande. 

Mad Max: Furia en la carretera (G. Miller, 2015) 
Ayer tuve la fortuna de asistir al taller de La importancia de la Crítica Cinematográfica que impartió Gara Santana en mi querido Videoclub V.O., que cada vez es más un club de cine y cada vez menos un museo de películas, como apuntara la hija de Ruth. Qué suerte... no sólo por los asistentes -interesantes y generosos- sino por la ponente, crítica del eldiario.es, que supo seducirnos, enfocando su trabajo como una labor constructivista, en el más amplio sentido de la palabra, con el regalo añadido de traer al director de cine, Armando Ravelo. ¿Te imaginas? ¡un director de cine! Ahí, a mi lado, como si nada, hablando de su vida y de él mismo con tanta naturalidad que parecía que no era extraordinario todo lo que contaba. Que placer escucharle, y verle, y sentirle (tienes que conocer su Monstruo como aperitivo. No digo más. Esto se merece un post, o una novela, aparte).

Carmena, la inspiración de los artistas (El Mundo, 190515)
¿No te parece mucha casualidad que en el momento en que realizamos el ejercicio de titulares a mi se me ocurriera este, justo en el bendito momento en el que investían como alcaldesa de Madrid a Manuela Carmena? Qué bueno... tanta cosa buena junta... Madrid se lo merece tanto... al fin una líder magnífica a la altura de una magnífica ciudad. Estallo de alegría. Política en estado puro, momento histórico de esos mágicos en que la sociedad civil gana, la cordura, la honestidad, la humanidad, la libertad... Casi no me lo creo. Y, como no puede ser de otra manera, se me antoja una película que me recuerda a ella, que cuenta su historia, nuestra historia. Un peliculón que me ha dejado sin aliento los 120 minutos de metraje. Hay tantas cosas que me gustan en Mad Max que quiero contarte sin spoilear nada, que me cuesta elegir. Pero hoy, 13 de junio de 2015, precisamente hoy, más que nunca, tengo que decirte que Mad Max es Carmena Max. Por su preciosa locura (qué necesidad tiene esta mujer, con ese currículo, esa sabiduría y esa dignidad, de meterse en un follón que le va a dar más de un disgusto) repleta de abnegación y amor por los madrileños, porque ella no lo necesita, pero los que viven en Madrid, te aseguro que sí.
Mad Max es una película que habla de una realidad destruida y destructora, de la oligarquía, del agua, de la injusticia, del hambre, de la desesperanza. Mad Max nos ofrece una salida que nadie espera, Mad Max no propone ir hacia delante, sino hacia atrás, recuperar lo perdido, con la sabiduría que sólo una persona mayor (G. Miller es 11 meses menor que M. Carmena), puede tener. Todavía alucino cuando pienso que esta peli la ha hecho un tío de 70 años... qué barbaridad más estimulante.
Charlize Theron en un fotograma de
Mad Max: Furia en la carretera (G. Miller, 2015)
Mad Max es Furiosa, impecablemente interpretada por esa Charlize Theron que nos deja sin aliento con una belleza como no hay dos y que nos ofrece una heroína que me recuerda mucho mucho a aquella maravillosa Nausicaä de mi infancia (gracias Ana Mateos). Furiosa, ella y todas las mujeres del mundo deberían estar. El feminismo bien entendido, el que no va en contra de los hombres (yo, desde luego, no podría vivir sin ellos, y desde luego no me gustaría vivir -cinematográficamente hablando- sin Tom Hardy que tan feliz me hace...) sino a favor de las mujeres, de cuidarlas, de protegerlas, de darles su lugar en el mundo. Mujeres jóvenes que engendran esperanza, valentía, osadía... Mujeres mayores repletas de conocimiento, de claridad, de esencia... porque, como bien decía Gara, el cine es arte porque cumple una función social, porque no es causa, sino consecuencia y porque Mad Max no es nada más que un reflejo del tiempo en el que vivimos y ahora, contra todo pronóstico y para alegría de muchos de nosotros, es el tiempo de Manuela Carmena, de Ada Colau, de Mónica Oltra y de todas las mujeres dispuestas a luchar por un mundo más justo.

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