lunes, 1 de diciembre de 2014

Obscenas

Vaya fin de semana duro que me he metido entre pecho y espalda. Qué agotamiento...

Mira que llevaba meses para ver Nymphomaniac (Lars Von Trier, 2013)... No me apetecía mucho porque, conociendo al director, sabía que no sería fácil. Bromeé con mis amigos acerca de pasar un rato pornográfico juntos pero en ningún caso imaginé lo que me esperaba. Menos mal que no se quedaron a verla. Aún así la conversación dio mucho de sí. Creo que esta es la primera vez que sentí que chicos y chicas éramos muy diferentes: con 16 años comenzamos a ver pornografía, de manera escondida, velada... (aquellas cortinillas en los videoclubes... que algún hermano mayor traspasó para nosotros, no digamos el Canal + a partir de las 12 de la noche, más de uno/a pudo quedarse ciego y no de tanto masturbarse, precisamente). Consumíamos pornografía de manera totalmente diferente: mientras para las chicas era material didáctico, para los chicos no solía pasar de material pajillero... La última peli que vi en grupo fue precisamente eso, la última. Era el último año de carrera y un amigo mío se empeñó en hacer comentarios mientras visionábamos el último éxito de Nacho Vidal... un horror...

Mi acercamiento (consciente) a la sexualidad fue algo anterior. Yo era bastante pía y no sólo me conformaba con los domingos sino que acudía a diario a escuchar misa o a rezar el rosario. Me confesaba una vez por semana aunque sin mucho que decir. A penas cumplidos los 13, mi párroco me preguntó por el sexto mandamiento (No cometerás actos impuros). No supe qué decirle, era bastante parva al respecto y aunque mis amigas y yo solíamos imaginar nuestro primer beso no pasábamos de ahí. Entonces él insistió:  ¿has estado con alguien? ¿te has tocado? ¿te ha tocado? ¿en la parte superior o en la inferior?... yo le decía que no y él insistía. Me decía que no mintiera, que sabía que andaba con un chico... Entonces aprendí que podías pecar de pensamiento, obra u omisión... vamos, que no había escapatoria... Además de la vergüenza que pasé, me hizo pensar en el montón de cosas que me estaba perdiendo y de las que no sabía nada... Es como cuando alguien te pide que "eches el freno"... a mí esa frase siempre me ha dado ganas de acelerar... Menos mal que tuve suerte y topé con gente estupenda con la que aprendí mucho y a la que le debo un sano aprendizaje sexual.

Nymphomaniac ha sido dividida en dos partes para poder ser comercializada. La primera parte es agradable, en momentos divertida, intelectual, erótica y estimulante, con interpretaciones muy oportunas y creíbles. Eso me empujó a querer ver la segunda de inmediato, a pesar de que fuera de madrugada y me sintiera cansada después de una semana de intenso trabajo. La segunda fue devastadora. La bajada a los infiernos... aún tengo el estómago revuelto. Por eso, precisamente, la segunda me parece mucho mejor que la primera, porque hace que te sientas incómodo, que a veces desees no mirar, que duela... Maldito Von Trier... qué bueno es...

Así es que amanecí el domingo abatida, gastada, con un halo de tristeza... y se me ocurrió ver Omar (Hany Abu-Assad, 2013), haciendo caso a la recomendación del gran Miranda. Me ha gustado, me ha gustado muchísimo aunque me haya dejado una tristeza infinita, desoladora y certera. No me veréis entrando en conversaciones de bar sobre la causa palestina. Una amiga a la que quiero mucho me enseñó a ser responsable con mis palabras. Yo he estado en Palestina. Los directores de cine palestinos son responsables de sus películas, con un valor doloroso añadido. Palestina pierde la esperanza mientras Israel sigue dividiéndolos y venciéndolos... mientras la comunidad internacional mira hacia otro lado... qué más da... no puedo escribir mucho más sin ponerme enferma.

Ambas películas me han resultado altamente obscenas, desesperanzadoras... ambas hablan de una patología, violenta en ambos casos, con escasas probabilidades de cura. Si a la industria pornográfica le beneficia la ninfomanía, a  los judíos les benefician los palestinos. ¿Acaso pueden existir los unos sin los otros? 

3 comentarios:

  1. No he visto las películas, asi que no puedo opinar sobre ellas, pero la exposición que haces es de Tesis.
    Rincones de la vida misma a golpe de fotograma.

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  2. Gracias, Juan. Te las recomiendo con de eso que no tengo... ¡ah, sí! prudencia :-)

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  3. Hola Ana!

    La de Nymphomaniac la tengo apuntada hace tiempo pero nunca encuentro el momento de verla, quizá de manera inconsciente encuentro razones que me empujan a arrancarme con otros títulos... ahora que comentas que vale la pena no tendré tantas dudas en mi próxima visita al videoclub/hacedor de sueños. ;-)

    En relación a la sexualidad, es cierto que son caminos muy personales que uno ha de andar a su manera. Ayuda mucho cómo caminemos y la naturalidad de cada uno, al fin y al cabo debería ser algo para disfrutar pero que con el paso de la niñez se convierte en un tabú del que cuesta desmenbrarse.

    Abrazos!

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