viernes, 12 de septiembre de 2014

Benditos motores

Sólo la (buena) lectura y el (buen) cine logran que pueda vivir estas mil vidas que llevo dentro y que pelean por salir con cada minuto de existencia que sumo o que resto. Hay días que leo libros fáciles, veo películas comerciales e incluso mi vida parece ser como la vida de cualquier otro pero lo cierto es que soy incapaz de soportarlo por mucho tiempo; hay un detonante que delata a la bomba de relojería que escondo entre el estómago y el corazón, insaciable por leer lo extraño, visionar lo distinto, alejarme de cualquier convención para sólo ser yo, lo que demonios sea que eso signifique.  

Este septiembre pide guerra, como si de mi necesario programa matinal de radio se tratara Hoy empieza todo, necesito saber más, conocer más, embeberme de otras bocas, otras miradas, otras formas de traducir la vida... y si esas formas existen necesito encontrarlas, disfrutarlas, saborearlas, como un plato estudiado al milímetro que busca, más que saciar el hambre, una experiencia sensorial.


Pina Bausch, 1940-2009
Comienzo con un delicioso documental instructivo y apasionado sobre la danza, la forma de entenderla, de enseñarla, de contagiarla. Mi referente, Pina Bausch, la creadora de la Danza Contemporánea y la Danza Teatro, se dejaba filmar por última vez por Hoffmann y Lisel en Dancing Dreams apurando cada uno de los miles de cigarrillos que la llevarían a un final prematuro y doloroso -acaso no morimos todos lentamente apurando cada una de las colillas de lo que nos produce placer...- no sin habernos dejado el mejor de los versos expresado en arte.  Pina, antónima a lo convencional, jugaba con los actores, el público, en un ordenado caos de entramados emocionales sobre la angustia humana de vivir. Wim Wenders, uno de mis directores fetiche, le rendiría pleitesía con su maravilloso documental en 3D Pina, un año después. Pina murió pero su semiótica de la danza, su forma de sentir y amar... la belleza que desprendía... 


Cartel promocional de La Grande Bellezza de P. Sorrentino (2013)
Quizás fue esto lo que me llevó a visionar La Grande Bellezza de P. Sorrentino, aunque sólo fuera por el título y el cartel ya me merecía la pena. Cuál sería mi sorpresa al encontrarme un goloso banquete de imágenes, una película viva y hermosa sobre un hombre, una época y la ínclita Roma -Roma es Amor al revés... me parece ser más que un tonto juego de palabras-, ciento cuarenta y dos minutos de placer ininterrumpido, una experiencia fílmica grande grande como un día de fiesta...





Y después de este paseo por Alemania e Italia, necesitaba algo francés, algo que me aportara un punto de excentricidad, y entonces llegó Holy Motors...

Eva Mendes y Denis Lavant en Holy Motors (L. Carax, 2012)
Excesiva, excitante, delirante, profunda hasta lo más superficial... un ejercicio cinematográfico sin principio ni final, el cine en el cine, incomparable y con vocación de cine de culto a penas con dos años de vida. Holy Motors es todo: el análisis antropológico y antropomórfico del ser humano, los rincones oscuros jamás visitados... pero, sobre todas las cosas, Holy Motors es la reivindicación del cine como arte que delega la belleza en el ojo del que mira sin dejar impasible a nadie. 

Supongo que para los que han ido al cine esperando una perspectiva tradicional habrá sido un calvario. Para mí ha sido un orgasmo de esos lentos, dolorosos y fabulosos. Siempre he estado enamorada de la gente diferente, de aquellos que se esfuerzan por no seguir a la masa como borregos hambrientos y ciegos. Yo me siento así, como Oscar, malvado, repugnante, bello, complejo, vivo... Benditos motores que se mantienen en marcha y a toda máquina a pesar de las multinacionales, la globalización, norteamérica y a la madre que los fundó.

1 comentario:

  1. Y con el "ralentí" a tope, como debe ser, dispuesta a poner el motor a 1xx, no por necesidad, sino por propio disfrute...

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