sábado, 2 de agosto de 2014

Chocolate y cerillas

Quid pro quo. Tú me dices cómo me quieres y yo te explico cómo te deseo. Comprendo el aprieto y tu hambre de historias. Recuerdo haberte sobrealimentado antaño, cada día, cada noche. Recuerdo cómo el sueño pasó a convertirse en hecho a penas en unos meses. Sé que esa es la causa de la brevedad de tu discurso. No te disculpes. Las disculpas matan la libido.
Eres parte de todos mis sueños, apareces en todos y en cualquiera, aunque no sean tuyos ni para ti... Siempre miro a los lados para asegurarme de que sólo yo te veo... Después te aparto y te demuestro cuánto te quiero donde puedo quererte... En esos sueños que acaban siendo tuyos y para ti y que tengo que ocultar hasta a mi mismo, eres eso, la dueña...
Cary Grant & Grace Kelly
Hay días que consigo no pensar en ti. Lo sé porque mi cuerpo parece aletargado, mis manos, mis pies, me son inutiles. Siento frío y una terrible sed, no puedo moverme, no puedo respirar... no es que quiera morir... no le encuentro aliciente a la vida, pierdo la curiosidad y ya no hay nada, nada, ni el alcohol, ni el chocolate , ni los baños calientes, ni los fármacos... Nada puede hacer que me sienta bien, como cuando te conocí y me devolviste por un instante, si es que no lo creaste, mi identidad y mi amor por mí. Contigo la mujer deliciosa que habitaba en mi se volvió loca, apartó la cordura para entregarse en pensamiento, obra y única misión. Todavía no sé si sucedió en la realidad natural que todos parecen conocer o fue algo que sólo ocurrió en mí, una película en blanco y negro sobre una virgen... porque yo era virgen hasta que te besé, hasta aquella primera tarde en la que me agarré a ti bajo la lluvia con la firme promesa de no separarme jamás. La lluvia... aquella que apenas lograba mojarnos... la que fuera cómplice y testigo de nuestra no-historia.
Es extraño el deseo... Conozco bien mi cuerpo, sé qué lo pone al límite, qué lo hace estremecerse hasta expandirse y encogerse como una oruga sobre un tronco rugoso... pero contigo no hacia falta nada... no tenías ni que tocarme; mirarte a los ojos, sumergirme en la profundidad de tu mirada... era caer al vacío, sin meta ni destino, sólo caer... Tu voz... esa voz a penas susurrada en mis oídos se convirtió en mi religión y me devolvió la fe... Aún recuerdo cómo tus manos llegaban a mí antes incluso que tú, con una necesidad inusitada, siempre a buscar mi desesperación, siempre a encontrarla... fue entonces cuando decidí dejar de usar ropa interior, en cualquier caso nunca te fijaste, daba igual que fuera sensual o no, a ti te estorbaba. Aún recuerdo la yema de mis dedos desgastadas, la lengua quebrada... el barómetro de tu aliento... cuando le hablabas a mis entrañas y la humedad lo cubría todo... cuando bebías de mi, comías de mi, me masticabas hasta que me desbordaba... hasta que te suplicaba que entraras en mí... Entonces me atravesabas y crecías como un haz de luz, te hacías increíblemente fuerte, vibrante, único... como en el accidente de Frida... en ese instante sabía que mi vida ya no podría ser corriente... A penas podía abrir los ojos sin dar crédito a lo que sucedia; tú, el hombre de todos mis sueños, en mí... Supongo que era demasiado, como en aquella película...
Como agua para chocolate (A. Arau, 1992)
no dejaron de quemar cerillas hasta que todo ardió... hasta que cruzamos todas las fronteras de todo lo permitido y nos sumergimos en aquel lugar ya sólo comprensible para los dos.
Te deseo... Esa es mi forma de amarte. Te deseo mucho, de forma irracional, insana, animal... Pero te deseo bien, nunca a cualquier precio ni por encima de nada, te deseo sólo si todavía quieres que te desee. No importa lo que pase. Eso será asi, mientras tu sigas siendo océano y yo el pez que muere en ti...

1 comentario:

  1. Creo que la palabra PASIÓN ha encontrado su verdadero significado en este torrente de sentimientos. Un torrente que desemboca en esa particular llama, magistralmente descrita, que lo desencadena, el DESEO.
    ¡Viva el chocolate!

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