jueves, 24 de julio de 2014

Bryce & Wendy


No hay universidad que iguale el aprendizaje que te da la geografía, especialmente la humana. Los lugares, aquellos que no se parecen a los antes conocidos te aportan inspiración y aire fresco pero las personas que encuentras en ellos marcan la diferencia y enriquecen el recuerdo.


Estoy en la última isla canaria que me quedaba por descubrir y aunque aún me falten miles de rincones en ésta y en la mía propia, tengo la sensación de cerrar el círculo. Canarias me planteó la pregunta de que si era la tierra donde tantos querían pasar sus mejores días, ¿no sería un buen sitio para vivir?


El lugar en el que se amaron Gara y Jonay

No puedo comparar las islas como no puedo comparar las personas, cada una de ellas tiene su idiosincrasia, incluso su lagarto... Hay que acercarse con respeto, con la boca, los ojos y los oídos muy abiertos. En La Gomera, además de Garajonay (España tiene 15 parques nacionales de los cuales 5 son canarios, ahí lo dejo...), una especie de Verona maravillosa para dar rienda suelta a los pies, para todas las edades y capacidades. 



Nosotros nos quedamos en Playa Santiago, un pueblito encantador con algunas embarcaciones amarradas bajo el sol, sin más banda sonora que la que propician las aves de mar. En un lugar con wifi permanente y sin coste añadido -esto me ha mantenido el 40% de mi tiempo en la habitación; tiempo dedicado a navegar, a leer, a escribir, a buscar,a indagar, y a actualizar mi cuenta en Pinterest (gracias a Pinterest recuperé mi interés por el DIY y el craft y ahora, todos los jueves, aprendo a coser con Pepita Bravo, sin duda la mejor costurera de este pais que me ha enseñado a repetir una y otra vez lo que no esta bien y que casi me ha licenciado en descoser...)-


La Chalana

Buscando un sitio para comer encontramos La Chalana, un lugar encantador frente a uno de los mejores lados de la playa, capitaneado por Erik, un tipo estupendo, amante del mar y las Harley. Da igual lo que pidas, todo está buenísimo así es que tripitimos para poder probar la carta completa -tengo debilidad por las cartas pequeñas caseras, hechas con cariño por gente que sabe lo que hace-, pero lo más peculiar es que cada día hemos podido conocer a alguna persona que nos ha parecido interesante y apasionante. Hoy, muy especialmente hemos conocido a Wendy y Bryce. Wendy tiene el pelo pintado con colores de fuego y atardeceres, lleva un sombrero y gafas de sol y sonríe mientras pronuncia algunas palabras en español. Bryce tiene unos preciosos ojos azules y rezuma bondad y amabilidad. Hablan un maravilloso inglés sin más acento que el de pausar las palabras para hacerse entender. Son de ingland y deben estar de viaje de novios porque parecen muy enamorados. No sé cuantos años tienen pero estoy convencida que tuvieron mi edad hará unos treinta y eso me hace sentir muy niña; paradójicamente me asombra un sentimiento de protección a estas dos personas extraordinarias que están tan lejos de su casa, no sin dificultades, no con salud... Le hablan a mi hijo como verdaderos maestros de la cortesía, le explican cómo se saluda sin explicar nada, siendo ejemplo.... Se me ocurre que se conocieron hace mucho, mucho tiempo, quizas a destiempo, quizas no, y que ahora se reencontarron para morir juntos... no sé por qué este pensamiento me traslada a Alabama Monroe (Van Groeningen, 2012) la película que este año me ha arañado por dentro.
Cartel de la película belga ALABAMA MONROE (The Broken Circle Breakdown)

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