lunes, 27 de agosto de 2012

Adolestreinta

Charlize Theron en el spot de Martini, en 1993
Es un hecho: nadie quiere hacerse mayor. La cirugía triunfa y el botox se inyecta como analgésico contra ese dolor indescriptible que es envejecer. Hasta hace poco no sabía que incluso ya teníamos un vocablo para darle nombre (si lo puedes nombrar es que existe) aunque podía imaginar que habían sido los norteamericanos los promotores de este nuevo... movimiento: Young adult (Jason Reitman, 2011) que da título a una película con guión de Diablo Codi (la misma de Juno) y que protagoniza una espléndida Charlize Theron (la misma que me enamoró cuando la vi en un anuncio de Martini) es una más que recomendable visión de esta nueva forma de enfrentarse al mundo; lo mejor es que, cuando te das cuenta, te sientes más identificado con esta tricotilómana antiheroína que con la sociedad responsable y conservadora que la observa y la critica. En España lo llamamos Adolestreinta.
Young adult (J. Reitman, 2011)
El curioso fenómeno sociológico parece darse en dos tipos de personas: en las que se saltaron las actividades propias de la juventud (véase los que se echan novio o novia a los 17 o antes y luego se casan sin haber probado nada más) y en las que la juventud fue lo mejor que les ha pasado en la vida (se lo pasaron superpipa y, como dirían los norteamericanos, pero en inglés, fueron populares). Ambos necesitan vivir o revivir esa experiencia, sólo que, con treinta y muchos. Algunos piensan que, si te lo montas bien, es aún mejor, porque ahora tienes independencia familiar, social y económica. 
¿En qué consiste? te puedes imaginar: aparentar menos edad de la que tienes (gimnasios, manicuras, peluquerías y shopping en general son sus must do), ir a todos los saraos a los que puedas ir, tirarte a todo lo que se mueve y beber bastante alcohol  (algunos se han adaptado a los tiempos y también, de vez en cuando, les dan al éxtasis). Hombre, lo de ingerir bebidas con alcohol como si no hubiera un mañana ya sabemos que no soluciona nada pero es que las bebidas sin, tampoco.
A algunos ni siquiera les para el hecho de tener responsabilidades (por ejemplo, admitámoslo: a partir de los 35 ir a trabajar empalmando después de una noche toledana es inviable), y de tener hijos y parapetar a tus padres de guardia para que, mientras tú estás de parranda, te los cuiden, y eso el que tenga familiares dispuestos, en el mejor de los casos, cuando no, la primera canguro que se preste.
En fin, así están las cosas, que la belleza estará en el interior pero si lees cualquier revista de actualidad parece que lo único que importa es lo de fuera: estar guapa, ser divertida y que no se noten esos cuarenta que acechan a la vuelta de la esquina, que es muy mal gusto... Tendré que dejar de comprar revistas... o no. 
  

No hay comentarios:

Publicar un comentario