lunes, 7 de febrero de 2011

Un año selvático


Estoy pensando, seriamente, en tomarme el tercer año sabático de mi carrera.


La primera vez que lo hice no obtuve ninguna aprobación. No es que la quisiera, pero confieso que algo de apoyo me hubiera reconfortado. Por aquel entonces tenía un buen trabajo en una empresa pública. Un día me di cuenta de que me aburría. Esto era algo extraordinario porque, hasta ese momento, no me había aburrido nunca. Me había dejado llevar por la promesa de un futuro profesional, la tranquilidad y un buen sueldo pero lo cierto era que donde me habían prometido retos, yo sólo veía burocracia y que aquello, definitivamente, no era lo que quería. Cogí todos mis ahorros, dije hasta luego y me marché a Aberysthwyth (Wales). Ésta ha sido, sin duda, una de las mejores experiencias de mi vida.

En Aber vivía en un tercer piso con un ventanal que daba al mar. Como no había costumbre de usar cortinas, arrastré mi cama hacia el mirador y cada noche me dormía mecida por las olas, soñando que sería engullida por el océano... Conocí a gente apasionante -mi querida Ilaria y mi querida Severine y la rutilante Loli que aparecen en esta fotografía, a mi lado-, aprendí inglés y disfruté mucho de ser extranjera y emigrante. Los galeses me trataron muy bien. Creo que nunca he tenido una sensación de libertad como la que experimenté entonces... A nadie le importaba de donde venía ni qué puesto tenía ni por qué había decidido virar el rumbo de mi vida. Podía hacer lo que quisiera, y no es que no lo hubiera hecho antes, pero era diferente, era inmensamente feliz. Me levantaba a las 5 de la mañana para ir a trabajar -en un super, como limpiadora-, después iba a clases a la Universidad, daba largos paseos, iba a clases de yoga... Una botella de vino tenía un valor inmenso, una carta, una conversación con un amigo, un rayo de sol... Lo que más me sorprendió fue que, cuando regresé a España, las puertas se abrieron de par en par. No sólo no había perdido un año, había ganado el mejor año de mi vida.

La segunda vez que decidí tomarme un respiro fue cinco años más tarde. Tenía un empleo magnífico en una escuela de negocios, hacía lo que me gustaba y disfrutaba mucho de mi trabajo, me permitía ciertas dosis de creatividad además de la actividad docente por la que siento una gran devoción, pero un día... me miré al espejo. Me di cuenta de que me habían empezado a salir canas, de que tenía una hipoteca, de que mi vida ya estaba encauzada, de que no estaba sola, de que lo tenía todo... y tuve la sensación de que me había estancado, la sensación de que podría saber con certeza cómo sería el resto de mi vida. Y yo no quería certezas, eso lo tenía claro. Yo necesito la incertidumbre, para crecer, para soñar... Así es que vendí mi piso, me di unas mechas, le dije hasta luego a mis amigos y a mis compañeros y me fui a vivir a la capital. Ese año lo recuerdo con la imagen de dos maletas de Salvador Bachiller castigadas y ajadas de tanto trajín. Fue el año que me saqué la licencia de buceo, me fui a las antípodas, visité Moscú, París, Venecia... fue el año que me di cuenta de lo que quería hacer con mi vida. Quería viajar, ser independiente, tomarme largos descansos para poder dedicar tiempo a los míos, para poder dedicarme tiempo a mí... y me hice autónoma.

Desde entonces mi vida profesional y personal han mejorado notablemente; construyo mi agenda según mis estados de ánimo, sólo escojo aquellos trabajos que me parecen interesantes y cuando me toca trabajar lo hago con todo el entusiasmo del que soy capaz.

Un año sabático... para re-conocerte, para estudiar, para viajar, para pensar, para sentir, para no caer en la rutina, para hacer uso de tu libertad... qué necesario. Algunos me dicen que no es fácil, parar en medio de tu carrera sin tener la seguridad de que, cuando vuelvas, el trabajo te estará esperando. Claro que no es "fácil", ¿acaso lo "fácil" es lo mejor? ¿desde cuándo? Esto es como lo del amor. A tu amor tienes que darle toda la libertad que se merece, si la usa para estar contigo, fantástico, si no... cambia de pareja... o de trabajo. No te merecen.

El otro día mi amiga Mónica me dijo que se iba a pillar un año selvático y me entró una envidia de morir. ¡Un año selvático es mucho mejor que un año sabático! un año selvático es un año de desorden abundante, un año ecológico, animal, descontrolado...

El 2012 será mi año selvático...

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